23 de mayo de 2008

La imagen de hoy: "La boda rusa", de Chagall

CUADERNO INFANCIA 3


Vuelvo del colegio Maimónides en el colectivo 172 que para, como siempre, en Aranguren y Emilio Lamarca, a pocos metros de mi casa. Doy unos pasos y me encuentro con aparatos típicos de velorios, apoyados contra la puerta de la casa de la Chiquita, nuestra vecina. Inmediatamente adivino que algo terrible ha sucedido. Junto a los aparatos está Adrián, uno de los grandes amigos de mi infancia, gordo, grandote, macizo, seguro. Adrián lee el horror en mi mirada. Me dice: “se murió, ¿y qué? Se murió. Se murió Carlitos”. Yo no puedo disimular el desasosiego que la noticia me produce. Adrián sigue: “se murió, se murió, y qué”. Todavía no puedo comprender por qué quería vivir la noticia con naturalidad, por qué quería mostrarme que la idea de la muerte a él no lo afectaba. Tampoco puedo comprender cómo se dio cuenta tan rápido que a mí sí me impresionaba, que yo no podía disimular nada de lo que me sucedía al ver esos aparatos. Carlitos era el hijo de la Chiquita y apenas pasaba de los veinte años. Era un muchacho enorme, que cuando yo tenia cuatro o cinco años, no demasiado tiempo atrás, me levantaba de una de mis piernas y me mantenía boca abajo mientras yo me reía a carcajadas.

22 de mayo de 2008

La imagen de hoy: "La novia", de Duchamp

Susan Sontag, "Sobre la fotografía". La fotografía, inventario de la inmortalidad


“La fotografía es el inventario de la inmortalidad. Ahora basta oprimir un botón para investir un momento de ironía póstuma. Las fotografías muestran a las personas allí y en una época específica de la vida, de un modo irrefutable, agrupan gente y cosas que un momento después ya se han dispersado, cambiado, siguen el curso de sus autónomos destinos. La reacción ante las fotografías que Roman Vishniac hizo en 1938 de la vida cotidiana en los guetos de Polonia se ve abrumadoramente afectada por el conocimiento de que esa gente no tardaría en perecer. Para el paseante solitario, todos los rostros de fotografías estereotípicas ahuecadas tras un vidrio y fijadas en las lápidas de los cementerios de países latinos parecen contener una profecía de sus muertes. Las fotografías declaran la inocencia, la vulnerabilidad de las vidas que se dirigen hacia su propia destrucción, y este vínculo entre la fotografía y la muerte lastra todas las fotografías de personas”.

Susan Sontag, Sobre la fotografía, 1ra edición, Buenos Aires, Alfaguara, 2006, p. 105.

Cine. Reseña Intempestiva: Besieged, de Bernardo Bertolucci


Una bella mujer africana realiza tareas domésticas en la casa que un pianista acaba de heredar de su tía. Un día el pianista le declara su amor a la mujer, que lo rechaza y le cuenta no sólo que es casada sino que su marido es un preso político de una dictadura en su país natal. La relación vuelve a ser la de patrón y empleada pero ella progresivamente advierte que el pianista poco a poco se va desprendiendo de los objetos de valor que abundan en la mansión y un día encuentra estampillas de su país (en estas está la imagen del dictador) pegadas en un sobre destinado a su patrón. Cuando ya casi no quedan objetos en la casa la mujer recibe un sobre con las mismas estampillas, destinado a ella. La carta le informa que su marido está vivo y ha mejorado sus condiciones como prisionero. Inmediatamente se da cuenta que el pianista ha estado pagando el rescate. Sin embargo, ella no se atreve a enfrentar a su patrón para agradecérselo. Cuando el pianista ha llegado al punto de vender su piano y ella ya ha recibido un telegrama de su marido en el que le informa de su libertad y su inminente viaje a Italia para encontrarse con ella, la mujer entra en crisis: el acto de amor absoluto de su patrón la ha conquistado y la llegada de su marido recién liberado deja de ser un motivo de felicidad para convertirse en un dilema irresoluble. La película está contada con la cantidad mínima imprescindible de palabras. Y cada diálogo tiene una funcionalidad extrema. Hay un uso radical de la narración en imágenes y la luz, la composición y el color tienen roles protagónicos. Los actores otorgan a cada momento de la vida de los personajes la dosis exacta de intensidad necesaria para cada situación y el resultado es una expresión tal que no se requieren palabras. La secuencia final, que alterna entre un plano general que muestra al marido parado frente a la puerta, un dedo que presiona sobre un timbre y, en la cama junto al pianista, la mujer que no se decide a abrir, es un ejemplo de cómo el director logra la máxima tensión con una cantidad de imágenes mínima. Y en la misma secuencia, la cámara fija en un tiempo prolongado sobre el lugar vacío que ella ha dejado en la cama, cuando finalmente se decide a acudir al llamado, es un ejemplo del uso metafórico que puede lograrse cuando se tiene en claro que la cámara, además de narrar, es portadora de significado.

21 de mayo de 2008

CUADERNO BESTIARIO 1: El buitre


Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.
Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?
-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?
- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.
El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

Franz Kafka. El buitre.

La imagen de hoy: "El beso", de Gericault


CUADERNO INFANCIA 2


Zacarías. un hombre ya grande, ancho, de baja estatura, chueco, que puede caminar con dificultad. Tiene la tez oscura, el pelo totalmente canoso, la ropa sucia y en pésimo estado. Un saco raído gris oscuro, un pantalón del mismo color, demasiado largo, una camisa que alguna vez fue blanca, unos zapatos negros. Zacarías vive en el gallinero y a veces camina por la vereda. Si somos muchos los que nos cruzamos con él entonces empieza la fiesta. Hay que lograr provocarlo para que nos corra. Y no hay nada más excitante que saberse corrido por el pobre viejo. Es una emoción que no implica riesgos: Zacarías viene hacia un chico, el chico se divierte sintiéndose perseguido pero al mismo tiempo tiene la certeza de que nunca lo va a poder alcanzar. “Zacarías la panza fría”. Y a correr. Un día Zacarías desapareció para no volver más. Nunca se pudo comprobar pero lo que se contó fue que lo había matado un colectivo. Siempre creí esta versión porque podía representarme con toda claridad la imagen: el colectivo avanza y Zacarías, con su dificultad para moverse no alcanza a hacerse a un lado.