11 de agosto de 2008

La imagen de hoy: "La Maria, Honfleur", de Seurat

Sobre el regreso

Me gusta el tema del hombre (o la mujer)
Que regresa.
Porque tiene un amor.
Porque debe vengarse.
Hay muchas razones para que un hombre (o una mujer) vuelva.
Cada respuesta es una historia.

Kleist: Una clave para la lectura de Shakespeare


De Heinrich Von Kleist: (“Carta de un poeta a otro”en “Sobre el teatro de marionetas y otros ensayos de arte y filosofía”): “Si tomamos a Shakespeare, ¡cuán ruines son a menudo los intereses en que demoras tu sentimiento, en comparación con los intereses grandes, sublimes, de ciudadano del mundo que acaso habrían de resonar en tu corazón según la intención de ese poeta señero! Qué me importa, en el campo de batalla de Agincourt, el ingenio de los juegos de palabras que allí se intercambian; y cuando Ofelia dice de Hamlet: ‘Qué noble espíritu con esto se destruye’, o Macduff de Macbeth: ‘¡No tiene hijos’- ¿cuentan mucho los yambos, rimas, asonancias y parecidos méritos para los que siempre está aguzado tu oído, como si no hubiera otros?"

Cine. Breve comentario intempestivo: Fragmento de "Blanc” de Krzysztof Kieslowski


Una escena descomunal: el protagonista, un polaco que no ha podido consumar el matrimonio con Dominique (por lo cual ella lo ha abandonado)está en una calle de París en plena noche junto a otro polaco al que acaba de conocer. El protagonista le muestra la ventana del departamento en el que vive su ex esposa. Ambos mantienen su mirada hacia arriba y por la ventana alcanzan a ver proyectada en la pared la sombra de una mujer que se desplaza. El marido le dice satisfecho a su conocido polaco que ella está por irse a dormir. En ese mismo momento alcanza a verse en la misma pared la sombra de un hombre que se inclina sobre la silueta de ella. El conocido polaco le pregunta al protagonista si está seguro que ella va a dormir. El protagonista corre nuevamente hacia la estación de subte (en la cual se ha instalado luego de la separación ya que no tiene dónde ir), llama por teléfono a su mujer. Esta lo atiende entre gemidos y le asegura que ha llamado en el momento justo. Le pide que escuche mientras ella aumenta su placer hasta llegar al orgasmo. Él intenta decirle que la ama pero es inútil porque ella está solo ocupada en hacerlo escuchar cómo goza.

4 de agosto de 2008

CUADERNO INFANCIA 19


La pizzería La Cuyana, en la calle Rivadavia, enfrente de la Plaza Flores. Es de noche, tengo unos cuatro años, seguro que no llego a cinco. Estoy sentado en la barra y los mozos charlan conmigo. Mamá, papá, mis hermanos, me han dejado olvidado en la pizzería. Han llegado hasta la casa de la calle Emilio Lamarca y se han dado cuenta de que no estaba. En la barra hablo con los mozos, que intentan mantenerme entretenido, mientras espero que me vengan a buscar. Sé que finalmente vienen, aunque no me puedo acordar en absoluto del momento del reencuentro. Sólo puedo recordar el momento en que el auto de papá me trae de vuelta a casa, donde voy a jugar con mi nuevo juguete: un pescado naranja que se maneja con un control remoto (a pilas, con cable) y que anda por debajo de agua. El pescado de plástico funciona como un remedio que me produce amnesia inmediata sobre lo que acaba de pasar.

29 de julio de 2008

La variable T

Dimensión mítica del texto teatral: qué sentido tiene escribir sino es para tratar de captar precisamente esta dimensión. Si esto se logra, la cuestión del realismo pierde todo su sentido.
Un texto termina por ser o no la expresión de un conflicto; sin embargo, lo que subyace detrás es lo importante: el residuo mítico, esencial, substancia de la obra. Este residuo constituye la savia del texto.
El mito es la reformulación de un mundo ya creado o la constitución de uno nuevo, atemporal, quizá repetitivo, con reglas propias que hay que descubrir, reglas cuyo número es generalmente muy breve.
El tiempo es constitutivo fundamental del residuo mítico, lo cual significa que una manipulación del tiempo (variable T) inexorablemente conduce a resultados reveladores.
Escribir teatro significa partir de imágenes que nos conducen a un tiempo distinto del cotidiano en el que los diversos componentes de la obra adquieren nuevas relaciones y se vinculan entre sí de modos impensables en circunstancias conocidas.
La modificación de la variable T, aunque se mantengan constantes todas las demás variables, es el procedimiento dramatúrgico experimental por excelencia. Y tal modificación puede ser asumida en formas diferentes. La consideración de esas formas es lo que de alguna manera constituye el inventario que se convierte en programa de la creación experimental.
No existe experimentación sin programa y sin cuaderno de guía en el que se consignen todas las hipótesis planteadas y el modo en el que esas hipótesis son sometidas a la prueba de realidad. Todo esto debe ser considerado, ampliado.
El manejo del tiempo como recurso básico permite tener acceso al residuo mítico.

Héctor Levy-Daniel