23 de junio de 2018

Cesare Pavese. La poesía ilumina la realidad.


"Todo poeta se ha angustiado, maravillado y ha gozado. La admiración por un gran pasaje de poesía no se dirige nunca a la pasmosa habilidad del poeta, sino a la novedad del descubrimiento que contiene. Inclusive cuando sentimos un latido de alegría al encontrar un adjetivo acoplado con felicidad a un sustantivo (sin que uno y otro se hayan visto antes juntos), no nos asombramos por la elegancia de la combinación, por la presteza del ingenio, por la habilidad técnica del poeta que eso logra, sino nos maravillamos por la nueva realidad que ha sido iluminada".


Cesare Pavese. El oficio de vivir.





2 de noviembre de 2017

La imagen de hoy: "En memoria de Karl Liebknecht", de Kollwitz


Prischepa. Por Isaac Babel



Me dirigía a Léchniuv, en donde se había instalado el estado mayor de la división. Mi compañero de viaje continuaba siendo Prischepa, joven kubanés, pícaro incansable, depurado comunista, futuro trapero, despreocupado, sifilítico y tardo mentiroso. Llevaba un caftán circasiano carmesí confeccionado con paño fino, y un capuchón aboatado caído sobre la espalda. Por el camino me contó su vida…
Hace un año, Prischepa huyó de los blancos. Como represalia, estos tomaron como rehenes a los padres del joven y los fusilaron en la sección de contraespionaje. Los vecinos saquearon los bienes de la casa. Al ser expulsados los blancos del Kubán, Prischepa volvió a su aldea natal.
Ocurrió por la mañana, al amanecer, cuando el sueñito del mujik suspira bajo el agriado bochorno. Prischepa enganchó un carro oficial y fue por el pueblo recogiendo su gramófono, sus tinas de kvas y las toallas bordadas por su madre. Se echó a la calle con abrigo negro y un puñal curvo en el cinto; el carro iba rodando detrás. Prischepa fue de un vecino a otro, y la huella sangrienta de sus plantas iba dejando un rastro tras él. En las casas donde el cosaco encontraba objetos de su madre o la pipa de su padre, dejaba viejas apuñaladas, perros colgados sobre el pozo, iconos emporcados con excrementos de animales. Fumando sus pipas, los aldeanos seguían sombríamente, con los ojos, el camino de Prischepa. Los cosacos jóvenes se dispersaron por la estepa y llevaron la cuenta de las víctimas. Esta cuenta iba creciendo, el pueblo callaba. Cuando hubo terminado, Prischepa volvió a la vacía casa de sus padres. Colocó los recuperados muebles en el orden que recordaba de su infancia y mandó por vodka. Encerrado en la casa, estuvo dos días bebiendo, cantando, llorando y dando sablazos sobre la mesa.
La tercera noche, el pueblo vio humo sobre la isba de Prischepa. Chamuscado, con la ropa desgarrada, Prischepa salió tambaleándose, sacó una vaca del establo, le puso el revólver en la boca y disparó. La tierra giraba bajo sus pies, un círculo de azuladas llamas salía volando por las chimeneas y se desvanecía. Un ternero abandonadlo gemía en el establo. El incendio resplandecía como un domingo. Prischepa desató el caballo, saltó sobre la silla, arrojó al fuego un mechón de sus cabellos y desapareció.
FIN

12 de octubre de 2017

Bertolt Brecht. El señor Keuner y la originalidad

Hoy en día, se quejaba el señor Keuner, son innumerables los que se ufanan públicamente de poder escribir grandes libros totalmente en solitario, y esto es algo que todo el mundo aprueba. El filósofo chino Xuang Tse escribió aún en su edad madura un libro de cien mil palabras, integrado por citas en sus nueve décimas partes. Libros semejantes no pueden ya escribirse en nuestros tiempos, pues falta el espíritu necesario. Por eso sólo se fabrican ideas en el propio taller, y quien no las produce en cantidad suficiente se considera a sí mismo un holgazán. Cierto es que así tampoco hay ninguna idea que pueda ser adoptada ni formulaciones de ningún pensamiento que pueda ser citado. ¡Qué poco necesita toda esa gente para desarrollar su actividad! ¡Una pluma fuente y algo de papel es lo único que pueden mostrar! ¡Y sin ninguna ayuda, con el escaso material que un solo hombre puede transportar en sus brazos, construyen ellos sus cabañas! ¡No conocen edificios más grandes que los que es capaz de levantar una sola persona!

25 de mayo de 2017

Fragmento de una carta de Simone de Beauvoir a Nelson Algren, 18 de mayo de 1947.

Amado mío, no sé por qu esperé tanto a decirte que te quiero. Tan sólo quería estar segura, y no decir palabras fáciles y vacuas. Ahora, en cambio, me parece que el amor estaba ahí desde el principio. 

De todos modos, ahora sí está ahí: es amor, y me duele el corazón. Soy feliz de ser tan amargamente infeliz, y es dulce tener parte de esa misma tristeza. Contigo el placer era amor, y ahora el dolor también es amor. Hemos de conocer todos los tipos de amor. Conoceremos la alegría de encontrarnos y estar juntos de nuevo; la deseo, la necesito y la tendré. Espérame. Yo te espero. Te amo más de lo que nunca he dicho, más incluso de lo que tú sabes. Te escribiré muy a menudo. Escríbeme también tú muy a menudo. Soy tu esposa para siempre.
Tuya, 


SIMONE.