13 de junio de 2009

François Villon: Balada de los Proverbios


Tanto se rasca la cabra, que se daña;
tanto va el cántaro a la fuente, que se rompe;
tanto se calienta el hierro, que se pone al rojo,
tanto se golpea, que se parte;
tanto vale el hombre, cuanto se le precia,
tanto se aleja, que lo olvidan,
tan malo es, que se le desprecia,
tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Tanto habla uno, que se contradice;
tanto vale buena fama como un favor conseguido;
tanto promete uno, que se desdice;
tanto se suplica, que la cosa se adquiere,
tanto es más querida, cuanto es más buscada,
tanto se busca, que se encuentra,
tanto es más frecuente, cuanto menos deseada,
tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.


Tanto se quiere al perro, que se le da de comer;
tanto corre la canción, que la aprenden;
tanto se guarda la fruta, que se pudre;
tanto se hostiga una plaza, que es conquistada;
tanto se tarda, que fracasa la empresa;
tanto se precipita, que sobreviene un mal;
tanto se aprieta, que cae la presa,
tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.


Tanto se bromea, que ya no se causa risa;
tanto se gasta, que no se tiene camisa;
tanto es uno generoso, que todo se lo gasta;
tanto vale toma, como una cosa prometida;
tanto se ama a Dios, que se sigue a la Iglesia;
tanto se da, que conviene pedir prestado;
tanto se vuelve el viento, que se hace cierzo,
tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.


Príncipe, tanto vive loco, que sana,
tanto va, que al fin vuelve,
tanto se le golpea, que muda de parecer,
tanto se invoca la Navidad, que al fin llega.

Cine. Reseña intempestiva. Dos películas sobre el colaboracionismo. 2.Lida Baarova´s Bittersweet Memories, de Helena Tretsiková.


Todo el film está construido a partir de un largo monólogo de Lida Baarova, quien responde un extenso interrogatorio. Las imágenes de Baarova, en primer plano, se intercalan con fragmentos de películas en las que participó o de registros fílmicos de momentos históricos que tienen relevancia para el relato.
El eje de la película está dado por la primera declaración de Lida: ningún papel de los que interpretó fue más dramático que su propia vida. Y en la última frase que registra este documental la actriz checa declara que ya no tiene nada para desear, sólo que todo termine de una vez.
A medida que el film avanza, Lida recupera diversos momentos de su carrera y de su vida: Karel Köner, uno de los primeros actores con los que trabajó, de quien a través de diversos trucos debían disimular su baja estatura en las escenas de amor, ya que ella era más alta que él; su reunión con Hitler, quien se mostró muy interesado en ella; su entrada en el cine alemán; su relación con Joseph Goebbels, quien se enamoró perdidamente de ella, aunque Lida afirma que jamás se sintió atraída por el ministro de propaganda nazi. Baarova no deja de enfatizar su desperdiciada oportunidad de abandonar todo y salvar su carrera y su nombre con un contrato en Hollywood que finalmente rechazó, aunque no explica los motivos. También la buena recepción que tuvo su trabajo en el cine alemán, a pesar de su acento horrible que obligó a los directivos a contratar para ella un profesor particular de lengua alemana. Según cuenta, este profesor logró que su dicción mejorara notablemente. Sin embargo, su éxito en Alemania se le transformó en una trampa ya que los nazis le prohibieron trabajar en el cine checo y esto la obligó a actuar solamente en películas alemanas. Aunque también filmó seis películas en la Italia fascista. Baarova relata que cuando los aliados tomaron la península ella fue expulsada del país. Y hasta viajó en el avión junto a Benito Mussolini.
Terminada la guerra, su carrera artística se acabó. En su país natal sufrió el vacío de la sociedad que no le perdonó su buena convivencia con los jerarcas nazis y hasta fue enviada a prisión a pesar de que según Lida “nunca hice nada contra Checoslovaquia”. En esa misma época su madre murió de un derrame cerebral y su hermana se suicidó luego de ser humillada por otra actriz que le imputaba traición por el sólo hecho de ser familiar directo de la actriz. Lida cuenta que en prisión la guardia se hizo amiga de ella (ya que después de todo poco tiempo atrás Lida era una estrella). Esta misma guardia condujo a Lida ante el verdugo, quien le regaló un trozo de cuerda que utilizaba para ahorcar a los condenados. El verdugo, según Lida, le hizo el obsequio “para que le dé suerte”.
Cuando salió de prisión, su padre fue a buscarla, abrumado, demudado, apoyado en su bastón. Y en la cena de Navidad, usó la bata de su hermana. A los treinta y un años viajó a Italia, volvió a hacer película, aunque ya era considerada “vieja”. En esta época de relativa tranquilidad se casó y volvió a ser feliz, pero su marido murió y Lida nuevamente tuvo que tolerar la soledad y el desasosiego.
Sobre el final Lida confiesa que no termina de arrepentirse de su relación con Goebbels. Y luego declara que no ve la hora de morir y que cada mañana, al despertar, se dice a sí misma “todavía voy a tener que luchar con este día”. Los únicos momentos de tregua los encuentra, según dice, cuando ve brillar el sol.

Héctor Levy-Daniel

12 de junio de 2009

La imagen de hoy: "La hilandera, la cabrera de Auvernia", de Millet

Cine. Reseña intempestiva. Dos películas sobre el colaboracionismo. 1. Lacombe Lucien, de Louis Malle.


Las primeras tomas del film muestran a dos jóvenes que pasan el trapo en el piso de una sala enorme de un hospicio, en un pequeño pueblo de una provincia de Francia. A través de la radio irrumpe un discurso del mariscal Petain, que nos ubica en la época de la ocupación nazi. Uno de los jóvenes se distrae con el canto de un pequeño pájaro, que ve a través de la ventana. El pájaro se sostiene sobre una rama en un día luminoso y el joven saca una honda, se cuida de que nadie lo vea, le apunta al pájaro y lo mata con puntería asombrosa. El pájaro cae, el joven ríe satisfecho mientras guarda su honda, la voz de Petain sigue llegando a través de la radio.
Esta primera escena prefigura todo el recorrido del protagonista.
Lucien Lacombe es muy joven, busca una tarea que lo aleje del trabajo en el hospicio. Su padre está en prisión, su madre convive sin demasiado secreto con un hombre que se llama Laborit, que le recuerda a Lucien que su propio hijo es parte de la Resistencia Francesa. Lucien, que tiene una notable habilidad que le permite cazar liebres con uno o dos tiros de escopeta, visita a un maestro de escuela llamado Peyssac. Le lleva como presente una liebre recién cazada y le pide formar parte de la Resistencia, a la que Peyssac pertenece. Este considera que Lucien es muy joven y le niega esa posibilidad aunque sin demasiado énfasis. Poco después sucede un pequeño hecho que decide el destino de Lucien. En camino hacia un pueblo más cercano, su bicicleta pincha una goma y Lucien se ve obligado a hacer todo el trayecto a pie por lo cual llega después del toque de queda decretado por los nazis. Camina por el pueblo, pasa por un lujoso hotel en el momento preciso en que un auto en el que van un hombre y tres mujeres ingresa con gran bullicio por el camino de grava. Lucien queda fascinado por esta aparición y permanece frente al hotel observando la fachada. Un hombre lo toma por un mirón o espía, lo golpea y lo obliga a entrar al hotel. En el bar hay gran movimiento y los franceses comparten mesas y bebidas con los alemanes. Por un momento tememos por su suerte, sobre todo cuando un hombre no muy alto y regordete se acerca para interrogarlo. Pero Lucien lo reconoce como un campeón de ciclismo de otros tiempos, con lo cual se gana de inmediato su simpatía. A partir de entonces todos parecen aceptarlo. Casi sin darse cuenta Lucien pasa a ser un miembro más de la sección francesa de la Gestapo. Pasa la noche allí y debuta como colaborador de los nazis denunciando al propio maestro Peyssac, que de inmediato es traído al hotel para ser torturado. El jefe de la Gestapo francesa es un hombre llamado Tonin, un ex inspector de la policía despedido cuando la Alianza Popular llegó al poder, por lo cual su resentimiento lo convierte en un enemigo acérrimo de los comunistas y también de los judíos. En este film se explica como pocas veces la razón de que una parte importante de ciudadanos franceses hayan decidido colaborar con los invasores nazis por una afinidad ideológica que hacía imposible distinguir a unos de otros. En este sentido vale recordar una frase de una de las secretarias del cuartel que habla de los nazis como serviciales y puntuales, y considera que de haber sido como los alemanes los soldados franceses no hubieran perdido la guerra. En poco tiempo Lucien se transforma en el agente de la Gestapo más joven del cuartel. El ex ciclista Henri le enseña a usar la pistola y él aprende rápido. Faure, un hombrecito rabiosamente nazi que escucha solamente las noticias sobre la guerra transmitidas por el régimen de Vichy, tortura brutalmente a Peyssac sin que Lucien muestre siquiera una pizca de remordimiento. Otro joven, Jean Bernard de Voisins, hijo de un noble francés, lleva a Lucien ante un sastre judío, Albert Horn, para encargarle un traje a su medida. En el hotel, Marie, una empleada se enamora de él. Y aunque le advierte que no debe juntarse como todos los del cuartel ya que tanto ella como él son distintos y además pronto los alemanes van a perder la guerra, Lucien se convierte en un aplicado agente de la Gestapo que atropella, mutila, mata y roba como todos los demás. Cuando Lucien vuelve al departamento de Horn a buscar su traje, no puede disimular la fascinación que le produce la hija del sastre. Desde ese momento Lucien utiliza todos los medios para seducir a France, quien sin ignorar la verdadera condición de su pretendiente, no deja de corresponderle de algún modo. Esto alienta a Lucien a volver cada vez más seguido al departamento, aun cuando sabe perfectamente que no es bienvenido ni por Horn ni por su madre, que no le dirige la palabra. Una noche viene a llevársela por la fuerza a una fiesta. Como el sastre se niega, Lucien lo amenaza con delatarlo a los nazis. Punto de inflexión del relato por el cual desde este momento se establece entre Lucien y Albert Horn un silencioso vínculo de extorsión. En esa fiesta, el ex-ciclista Henri trata de seducir a France y poco después Marie tiene un ataque de celos que culmina en una crisis nerviosa por la cual insulta a France con todo tipo de epítetos antisemitas. France huye despavorida hacia un baño en el primer piso y Lucien acude a consolarla. Allí tienen su primer encuentro sexual. Al día siguiente Jean Bernard de Voisins y su novia actriz son asesinados: la Resistencia avanza y en el hotel que funciona como cuartel de la Gestapo francesa se sienten cada vez más cercados. Sin embargo, Lucien no sólo persiste en su relación con France, sino que, para desesperación del sastre, se muda con todas sus pertenencias al departamento. La humillación que significa para Horn tener que convivir con Lucien bajo tácita amenaza de muerte se nos presenta como una de las metáforas más iluminadoras sobre el significado de la ocupación nazi. Este le cuenta que planea casarse con France en el mismo momento en que recibe una visita de su madre, a quien en el hotel le han informado que vive en el departamento. Un extraño intercambio de palabras se produce entre la madre de Lucien y el sastre. Ella trata de insinuar que su hijo no es un mal muchacho, lo cual quizá Horn lo pueda considerar siendo su amigo. Horn se ocupa de manifestar abiertamente que de ninguna manera Lucien es su amigo, lo cual le sirve a la madre para entender cuál es la situación de su hijo en esa casa. Cuando Lucien acompaña a su madre en la calle ésta le advierte que debe cuidarse ya que hay mucha gente que quiere matarlo. Le da un envío de Laborit, el hombre con el cual ella vive actualmente: un ataúd negro de diez centímetros que lleva una inscripción con el nombre de Lucien y una cruz svástica pintada. Este no parece darle demasiada importancia a la amenaza. Poco tiempo después, Albert Horn decide recuperar su dignidad y terminar con la extorsión permanente a la que Lucien lo somete. Se presenta en el hotel con su nombre verdadero. Lucien trata de impedirlo, pero el nazi francés Faure se entera de quién se trata y lo entrega a los alemanes, quienes lo envían de inmediato a un campo de concentración. Cuando Lucien le informa del destino de su padre France sufre un ataque de nervios que termina en una impotente agresión física contra Lucien. Sin embargo, éste no se inmuta y la fuerza a mantener una última relación sexual, antes de abandonar el departamento para siempre. Una noche en que Faure le ordena a Lucien que vigile a un prisionero bajo régimen de torturas, un grupo de hombre de la Resistencia irrumpe en el hotel y mata a todos los miembros de la Gestapo francesa, excepto a Lucien, que ha logrado ocultarse. Como represalia, los alemanes buscan víctimas entre la población civil y por esa razón France y su abuela son arrestadas. Lucien acude junto al oficial nazi para presenciar cómo France y su abuela son obligadas a recoger la cantidad mínima de prendas para ser trasladadas al campo de concentración. En un momento Lucien reconoce entre las pertenencias de France un reloj que aquél había regalado a Horn. Lucien lo toma, se lo guarda sin percatarse de que el oficial lo está observando. El oficial le advierte que en las filas nazis no hay ladrones, le quita el reloj y se lo guarda. En el momento en que el oficial y Lucien preceden escalera abajo a France y la abuela, Lucien acribilla al oficial por la espalda. Los tres suben a un auto y escapan a la campiña francesa donde permanecen a salvo hasta la liberación de París por los aliados. Entonces se decide la suerte de Lucien Lacombe.

Héctor Levy-Daniel

7 de junio de 2009

CUADERNO INFANCIA 38


El oculista me ha recetado lentes. Por primera vez en mi vida de miope voy a usar anteojos: estos son de marcos negros, gruesos, transforman mi apariencia de manera total. A partir de ahora veo el mundo a través de dos cristales. Cuando llego al colegio con los lentes puestos (no me los voy poniendo de a poco sino que llego con los anteojos como diciendo “bueno, aquí estoy, aquí me tienen, esta es mi nueva cara y espero que la acepten”) me acuerdo perfectamente de la frase de Silvia, mi compañera de grado, gran amor de mi infancia, cuando me ve: “¿Héctor con lentes?” No sé cuánto tiempo los usé, no sé si fueron sólo unos meses o llegué a cumplir un año. Tiempo después, un viernes discuto con alguien, probablemente con un chico que se llama Marcelo Ohana y me preparo para pelearme. Para no estropear los lentes, los guardo en el bolsillo exterior de la valija, que se abre con un cierre. No sé si finalmente llego a las piñas pero no vuelvo a ponerme los anteojos. El domingo a la noche mamá me pregunta dónde están y no puedo recordar dónde los dejé. Los buscamos por toda la casa y papá también se pone a buscar. De pronto mamá trae la valija, abre el bolsillo exterior con el cierre y extrae los lentes totalmente estrellados. Por querer cuidarlos los hice pedazos. Papá, indignado, me agarra del pelo y me agita la cabeza. No vuelvo a usar lentes hasta los diecinueve años, cuando tengo que sacar la licencia de conducir.

31 de mayo de 2009

CUADERNO MATERIALES 2: Recreación de cuadros de Edvard Munch para "Melodía para seis sombras"

La obra Melodía para seis sombras, estrenada en Patio de Actores en octubre de 2006 y reestrenada en marzo de 2007 bajo la dirección de Clara Pando y Héctor Levy-Daniel, fue escrita por éste sobre la base de cuadros de Edvard Munch.
Aquí se consigna el método de trabajo utilizado, que consiste en recabar una cantidad del material a partir de la recreación de las imágenes propuestas por los cuadros elegidos.
A través de dicha recreación se constituyeron los espacios, los tiempos, las situaciones dramáticas, los personajes, los vínculos, los conflictos que luego se plasmaron en la línea de acción de la pieza.
Asimismo se agregan los cuadros de Munch que sirvan como referencias a los textos escritos.



“Tarde”
Puedo imaginar que es de tarde, sí, pero pronto va a ser de noche. La chica que está vestida de campesina, con delantal y sombrero, tiene un gesto muy profundo que se expresa sobre todo en sus manos entrelazadas y en su mirada que, de algún modo que no puedo determinar, incluye el horizonte más allá del mar y el sol que cae. Sin embargo esta chica no está pensando en la puesta del sol, ni en el mar, ni en nada que tenga que ver con el paisaje, por más que ese paisaje se refleje en la manera en que mantiene erguida su cabeza. El secreto de este cuadro está en la casa, que actúa como un complemento. En la casa sucede algo que mantiene ocupado el pensamiento de esta joven. Sólo hay que subir las escaleras. Entonces uno estará en contacto, luego de cruzar apenas la puerta, con el clima en que esa casa vive desde hace tanto tiempo. La chica ha salido a descansar, a desentenderse aunque sea por un momento de ese clima, pero sin embargo, no lo logra, no puede dejar de pensar en la hermana enferma, en esto que ha sobrevenido y que los mantiene a todos pendientes de la más mínima tos que se oye desde su habitación. Pero al mismo tiempo lo que la chica vestida de campesina no puede entender son esos accesos de vitalidad que súbitamente inyectan a esta hermana doliente una energía exacerbada que la obliga a salir de noche, cuando todos han ido a dormir.
Hay que agregar que el paisaje abierto se refleja de alguna manera en la mirada de la mujer dirigida hacia el frente. Como escribí más arriba, el secreto de este cuadro está en la casa Pero creo que más específicamente está en esa puerta junto al rellano de la escalera, esa puerta abierta que invita a pasar. Uno siente que si la atraviesa ingresará en el clima que la casa vive desde hace tanto tiempo, la atmósfera de la obra en la que los personajes están sumergidos y a través del cual se mueven, se desplazan, como a través de un fluido. Este fluido es algo fundamental que hay que tener en cuenta para la escritura: no sólo ubica a las protagonistas en otra temporalidad sino también en otra densidad, en otro tipo de movimiento, distante del cotidiano, con consecuencias más visibles en las acciones.
Por otra parte no hay que descuidar a este personaje que aparece en primer plano, Greta. Qué siente Greta, cuál es su insatisfacción fundamental.
Se me ocurre que cada una de las mujeres que protagonizan la obra parten de una insatisfacción básica que tiene directamente que ver con lo sexual. Y también con el deseo, el deseo de un hombre.



“La niña enferma”
Es pelirroja, es débil, está acostada, su palidez se remarca contra el marco oscuro de la cama y la habitación gracias a la luz que entra por la ventana. La medicina está sobre la mesa de luz, en un frasco. Un vaso aparece del otro lado, un vaso que está contaminado por los gérmenes que salen de la boca de la niña enferma. Junto a ella una mujer que sostiene blandamente a la niña enferma. Esta mujer, vestida de negro con traje cerrado, mantiene la cabeza gacha y uno puede adivinar una actitud doliente. Este atuendo de esta mujer nos habla de que estos cuerpos están contenidos, encorsetados en prendas largas con cuellos muy cerrados que las cubren por completo, llegan hasta el suelo. Este encierro de los cuerpos tiene una gran significación. Estos cuerpos encerrados son los protagonistas, que ansían liberarse cuanto antes.



Hans Jensen- Hjell
Se me ocurre que es el retrato del médico de la niña. Me gusta que use ese traje azul oscuro, ese chaleco, ese pañuelo, esa barba, ese monóculo, ese bastón, ese cuello blanco que sobresale del pañuelo rosa. El gesto, de un hombre seguro, algo desafiante, impresión sostenida por su forma de mirar con la cabeza levantada y por la manera en que porta el habano en su mano derecha. Este médico nunca aparece en escena, pero es permanentemente nombrado. Por otra parte, este vestuario no es para nada contradictorio con nuestra época, es decir, se puede pensar no en una obra del siglo XIX sino en una obra actual que recicle este tipo de vestuario. Es decir, este hombre tranquilamente podría terminar de posar y encender la televisión y usar un teléfono celular. Aquí hay un criterio para pensar de qué manera los personajes usarán el vestuario.



“Inger en la playa”
Otro paisaje abierto, con otro personaje, en este caso Munch la llama Inger y nosotros deberíamos encontrarle otro nombre. Otra vez el vestuario, un vestido del siglo XIX que llega hasta el suelo, solamente interrumpido por un cinturón de color oscuro. Y también un sombrero, probablemente de paja. También este vestuario esconde una cantidad de pulsiones, una cantidad de instintos que a duras penas los personajes pueden dominar. Esas pulsiones encerradas, esos instintos contrastan profundamente con el paisaje abierto, lleno de rocas enormes y el agua que se extiende sin que podamos determinar hasta dónde. Se me ocurre que la naturaleza está permanentemente presente en y entre los personajes. La naturaleza como el lugar del descanso de estos cuerpos que no tienen paz.



“Primavera”
El personaje de la niña enferma, esta vez sentada junto a la ventana por la que entra una brisa suave que a ella le da un descanso. Esta niña enferma es la que oculta otra identidad, otro deseo que real o imaginariamente se ve satisfecho. La pregunta es: cuáles de estos personajes logran realizar efectivamente su deseo y cuáles no logran cumplirlo sino defectuosa o imaginariamente. La debilidad de la niña en este cuadro oculta algo mucho más profundo que tiene que ver con el deseo y lo instintivo. También quién la acompaña es prisionera de este vestido, su cuerpo también sufre los embates de las pulsiones. Sin embargo, este personaje, a diferencia de todos los otros, no se atreve a presentarse a sí misma estas imágenes que tienen que ver con el deseo.



“Noche en St. Cloud”
La luz nocturna de color azul entra por la ventana iluminando apenas el espacio que, podemos suponer, figura el interior de la casa de la niña enferma, el cual, como vimos, contiene el fluido a través del cual los personajes se desplazan. No se ve demasiado, fuera de una lámpara que cuelga y el paisaje de la ciudad lejana en medio de la noche.



“La llegada del barco correo”Este barco se ve a lo lejos y sobre la cubierta parece llevar una enorme cantidad de objetos y de gente. Este barco, trae mensajes que pueden ser “reparadores” como vimos más arriba o se me ocurre que también pueden ser espantosos. En este cuadro la naturaleza es protagonista: el espacio del mar abierto, el cielo inconmensurable, la zona del agua tranquila en la que un chico en primer plano sentado sobre el muelle toca un bote con su pie. Dentro del bote podemos observar que hay algo de agua que refleja un trozo de cielo y de nubes. Otros botes descansan en esa zona del agua en este y en otros muelles. Este paisaje abierto contrasta profundamente con el clima que podemos imaginar se condensa en el interior de la casa de la niña enferma. Este contraste debe ser investigado y aprovechado.
Agua: el agua como liberación, el agua como elemento liberador, esto es algo que no hay que perder de vista.



“Melancolía”Un paisaje extraordinario un cielo torneado por bandas blancas, una península que se recorta en último plano contra el cielo y el mar unidos en un azul idéntico. Sobre esta península vemos asentada la fachada de una casa blanca con techo a dos aguas muy oscuro. En un plano más cercano aparece el muelle vacío junto al cual descansa un bote de color naranja. Sin embargo, entre el muelle y la península podemos advertir la presencia de algo así como tres molinos. Avanzando hacia nosotros están sobre la derecha unas rocas enormes de un color muy claro que van del blanco amarillento al azul y sobre la izquierda la orilla oscura a la que se asoma un mar de un color azul muy profundo. En primer plano el rostro de un muchacho vestido con una remera o un sweater de color negro, tan negro como sus cejas o su pelo recortado. Quién es este muchacho, todavía no lo podemos saber. El gesto de este muchacho es de preocupación. Y la pregunta que se presenta es la siguiente: ¿la fachada es la de la casa de la niña enferma?



“Tarde en la calle Karl Johan”
Es el pueblo o, mejor dicho, la ciudad, que aunque está muy cerca de la finca, está apartada. Todos aquellos personajes de los que uno puede distinguir la expresión tienen los ojos desmesuradamente abiertos. El cielo tiene un azul muy profundo, contrasta con los colores de la ciudad que están ligados al marrón, aunque matizados por el violeta. El vestuario de los habitantes de la ciudad es muy cerrado, como el de los habitantes de la casa (abrigos o vestidos muy largos, cerrados hasta el cuello). De las ventanas iluminadas de las casas deducimos que, a pesar del título del cuadro, la noche sobreviene lentamente. La calle Karl Johan aparece en perspectiva y en ella se hace mucho más profunda la impresión de multitud.



“Junto al lecho de muerte (Fiebre)”Increíblemente no me había dado cuenta de que el cuadro se llamaba fiebre. Fiebre es lo que la niña enferma siente. Fiebre con connotaciones que tienen que ver directamente con la enfermedad y fiebre con connotaciones eróticas. Desde este último punto de vista la fiebre es una metáfora de toda la obra. La fiebre es lo que lleva a la niña enferma al borde de la muerte y la fiebre es lo que la mantiene viva ya que la fiebre como manifestación de erotismo es lo que alienta a la niña a seguir viviendo. En el cuadro, de la niña acostada sólo alcanzamos a ver la parte posterior de la cabeza apoyada contra la parte posterior de la cama. Junto a la niña hay, en último término, una mujer, y luego un hombre, luego un anciano y por último otra mujer. Detrás de estas cuatro figuras acecha la muerte en la forma de un esqueleto que se rodea de una confusa bruma verdosa. Y de frente a la niña, quizás como una metáfora directa de la muerte hay tres o cuatro rostros sonrientes que flotan en el aire. Estos rostros parecen monigotes dibujados por chicos. La fiebre que lleva a la niña al borde de la muerte es la que erotiza los cuerpos de los demás personajes femeninos que la acompañan. Estos cuerpos afiebrados son los que permanecen encerrados en esos vestidos tan herméticos. Y esos cuerpos tan faltos de ventilación son los que requieren imperiosamente el aire y el agua.



“La tormenta”
Como ya dije, tres elementos, la naturaleza a lo lejos como marco general, luego el jardín que rodea a la casa con ventanas iluminadas que se ubica en el centro del cuadro y en primer plano a la izquierda cuatro o cinco personajes borrosos que tranquilamente podrían ser mujeres que prestan atención a una mujer de blanco que por alguna razón está fuera de la casa. Este cuadro, así como el anterior (Fiebre) creo que bien pueden constituir la base de la obra.

John Berger: El arte juzga a los jueces


Dice Berger, en su libro Cada vez que decimos adiós: “No puedo decirte qué hace el arte y cómo lo hace, pero sé que a menudo el arte ha juzgado a los jueces, vengado a los inocentes y enseñado al futuro los sufrimientos del pasado para que nunca se olviden. Sé también que en ese caso, los poderosos le temen al arte, cualquiera sea su forma, y que esa forma de arte corre entre la gente como un rumor y una leyenda porque encuentra un sentido que las atrocidades no encuentran, un sentido que nos une, porque es finalmente inseparable de la justicia. El arte, cuando obra de ese modo, se vuelve un espacio de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo imperecedero, el valor y el honor”.
En el mismo sentido Berger afirma que “No no hay nada más humano y más tierno que la visión de los piadosos ejecutando sumariamente a los despiadados.(...)Esa visión comienza a recorrer el mundo. Los héroes vengadores aparecen en los sueños y pueblan las esperanzas. Los despiadados les temen pero yo, y tal vez tú, les damos nuestra bendición”.

Citas extraídas del libro de Berger Cada vez que decimos adiós, Ediciones La Flor, página 19.