14 de julio de 2008

La imagen de hoy: "Figura en un lavabo", de Bacon

CUADERNO INFANCIA 17


Una tarde soleada y tranquila en el barrio. El aire transparente, brillante a la hora de la siesta. Mi tía Chiquita y mamá caminan tomadas del brazo por Emilio Lamarca hacia Avellaneda. Faltan unos veinte metros para llegar. En la avenida nos vamos a tomar un colectivo o un taxi para ir al oculista para que me revise porque se presume que tengo ciertas dificultades para ver. Yo camino detrás, pero pegado a ellas, mirando el suelo. De pronto advierto que entre los pies de las dos rueda un papel rojizo. Lo miro bien, el papel se levanta y vuelve a caer. Ninguna de las dos lo ha visto, ninguna de las dos sospecha que ese papel está ahí. Yo imagino que es un billete pero al mismo tiempo me digo que es imposible, que debe ser una imitación, una fantasía. Mi mamá y Chiquita siguen caminando, el papel rojizo queda en el suelo. Lo tomo, lo extiendo de un borde al otro. No es un papel cualquiera, no es un billete de fantasía, es plata de verdad. Son diez mil pesos. ¡Mamá! Mirá lo que encontré. Mamá toma el billete. Lo estudian entre las dos. Se produce un silencio interminable. Yo espero el veredicto. Mamá asiente. Son diez mil pesos, reales. Comienzo a gritar que la plata es mía, que me la encontré yo. Mamá mira para todos los costados para comprobar si alguien está mirando, pero es la hora de la siesta y en toda la cuadra solamente estamos los tres. Me hace callar y me dice que está bien, que ese billete lo encontré yo y es mío. Llego a la avenida Avellaneda rebotando de alegría. En el consultorio el oculista me receta lentes.

Cine. Reseña intempestiva. My enemy´s enemy, de Kevin Macdonald


Film inglés realizado en 2007 y proyectado en el marco del Bafici 2008.

My enemy´s enemy, el enemigo de mi enemigo. Que por esa sola condición se convierte de manera automática en mi amigo. Y, de acuerdo con el film, este es el criterio con el cual Estados Unidos salvó, contrató, subsidió una cantidad de criminales de guerra nazis, entre ellos Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, que es sobre quien trata este documental. A Barbie tanto Inglaterra como Estados Unidos le agradece con la libertad post-guerra su colaboración en la guerra contra el comunismo.
Barbie, jefe de la Gestapo de la sede Lyon, durante la Segunda Guerra Mundial se hizo conocido en Francia por el arresto, la tortura y la masacre de 44 niños y por el asesinato de Jean Moulin, el jefe de la resistencia francesa. Terminada la guerra logró escapar sucesivamente de un arresto impuesto por fuerzas norteamericanas y de otra detención efectuada por el ejército inglés. Y como agente conspicuo de una especie de red de espionaje nazi extendida por todo el mundo, al poco tiempo fue contratado por la CIA, por la cantidad de información y contactos que manejaba. A fines de los años 50, con el apoyo del Vaticano, llegó a Bolivia con el nombre de Altmann (precisamente el apellido de un rabino que Barbie exterminó en Auschwitz).
En Bolivia, se mantuvo como una persona muy influyente en la política durante toda la década del 60 y hasta intentó instaurar un régimen nazi en los Andes. Todo con la aprobación de Estados Unidos, que jamás intervino para desactivar sus maniobras y hasta se negó a entregarlo a la justicia francesa.
La participación de Klaus Barbie en un negocio de barcos bolivianos (en un país que carece de salida al mar) lo llevó de nuevo a Francia, donde fue fotografiado. Y las tomas realizadas sirvieron para que fuera reconocido como Klaus Barbie y ya no como Altmann. A pesar de todo, contra toda evidencia, Klaus Altmann negaba ser Klaus Barbie. Para Hugo Banzer, presidente de facto de Bolivia, se transformó en un problema de difícil solución ya que no veía el modo de tomar una decisión con respecto a él. Por esa razón, luego de ponerlo en prisión unos días, convocó a la Suprema Corte de Justicia de Bolivia (en esas circunstancias una mera extensión del Poder Ejecutivo). Luego lo liberó y blanqueó su situación: por fin Klaus Altmann se asumió como Klaus Barbie.Luego del fracaso del proyecto de un golpe de Estado cuyo objetivo era instaurar un régimen nazi en Bolivia, Barbie perdió todo su poder (y, por su vinculación con el negocio de las drogas que le permitía financiar sus operativos políticos, también perdió el apoyo de Estados Unidos). Recién entonces, ya carente de todo sostén, fue reclamado por Francia y entregado por Bolivia. Durante el proceso, iniciado en 1987, Klaus Barbie fue defendido por Jacques Vergès, un marxista maoísta cuyo fin expreso consistía en aprovechar el proceso para poner en evidencia el colaboracionismo de Francia con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. En julio de ese mismo año Barbie fue condenado a cadena perpetua y murió en prisión en 1991.

Héctor Levy-Daniel

8 de julio de 2008

La imagen de hoy: "Springtime", de Rousseau

CUADERNO INFANCIA 16

Un domingo a la tarde. Juegan Boca y Vélez. Mi primo Mario está en casa de visita antes de ir a la cancha. Yo tengo ocho o nueve años y él anda por los veinte o más. Me ofrece ir con él y yo me niego. Mario me insiste con fervor y yo me sigo negando. Sigue insistiendo pero ya he tomado la decisión de no acompañarlo. Yo soy de River y el partido de Boca con Vélez no me interesa. En la puerta de casa, mientras se va, Mario no deja de insistirme, con la esperanza de que finalmente yo ceda. Le digo que no, una vez más. Mario se resigna, gira y enfila por la calle Emilio Lamarca hacia la avenida Avellaneda. Su figura se va reduciendo a medida que se aleja. Y entonces, cuando veo que la silueta de Mario se achica hasta transformarse casi en una mancha, algo se me aprieta en las vísceras, algo me conmueve. Le grito, lo llamo por su nombre. Luego de unos segundos, Mario vuelve a su figura normal, a mi lado. Le digo que voy con él. No puedo recordar el viaje hasta la cancha de Vélez. Sí retengo imágenes de los dos desde una tribuna, o desde una platea, no lo sé. Tampoco puedo recordar el resultado.

Cine. Reseña intempestiva. Caché, de Michael Haneke.


Cinco videos (y los inquietantes dibujos que los acompañan) constituyen los núcleos básicos de la estructura de este film.
Estos videos hacen avanzar la acción y, a medida que los protagonistas van conociendo su contenido, la incertidumbre y la angustia acompañan el desarrollo de una trama que de nunca deja de sorprendernos.
La primera toma de esta película es precisamente la grabación en video del frente de la casa en la que viven Georges (Daniel Auteil), Anne (Juliette Binoche) y el hijo de ambos, Pierrot. Casi inmediatamente nos enteramos de que ellos han recibido la cinta en su propia casa (una cinta en la que se lo ve salir a Georges, en el instante de ir a trabajar) y precisamente en ese momento examinan las imágenes, al tiempo que se preguntan qué quiere decir, por qué se lo envían a ellos, quién lo pudo haber enviado, qué significa el dibujo que vino en el sobre junto con la cinta (un tosco dibujo aparentemente hecho por la mano de un niño).
Una noche en la que el matrimonio ha recibido a cenar en su casa a algunos amigos, reciben el tercer video. Aunque Georges trata de mantenerlo en secreto, Anne les cuenta el momento por el que están pasando y esto lo anima a compartir la proyección de la cinta con las visitas. Las imágenes que se ven ya no son las del frente de la casa del matrimonio sino las de la casa de la infancia de Georges. Este acude entonces a ver a su madre (Annie Girardot) a quien trata de interrogar sobre Majid. Su madre responde que hace ya mucho tiempo que no piensa en él, por lo cual Georges no puede avanzar demasiado en su interrogatorio. El cuarto video es otra vez examinado por Georges y Anne sin otra compañía. La cámara ha grabado a través del parabrisas el desplazamiento de un automóvil que avanza a velocidad media hasta doblar en una avenida llamada Lenin. Luego la cámara se desplaza por el oscuro pasillo de un edificio hasta detenerse en la puerta de un departamento que ostenta el número 047. Georges comete el error de decir en voz alta que tiene una corazonada. Pero como se niega a dar más explicaciones a su mujer, esta se enfurece y le exige que le diga de qué está hablando. George no se atreve a hablar. Lo vemos luego frente a la habitación 047, en la que vive Majid, quien lo reconoce en seguida aunque Georges todavía tarda unos instantes en saber con quién está hablando. Tienen un diálogo sobre un pasado que desconocemos, Majid niega saber de qué video le habla y Georges lo amenaza, sale, llama a su mujer y le dice que su viaje por la avenida Lenin hasta la habitación 047 ha sido infructuoso pues no encontró a nadie.
Sin embargo, la imagen siguiente nos repite la misma escena que acabamos de presenciar pero tomada desde un ángulo diferente, lo cual nos hace advertir de inmediato que ésa es la perspectiva de la cámara, lo cual implica no sólo que todo el encuentro entre Majid y Georges ha sido grabado sino que además el video le fue enviado directamente a Anne, que con gesto irónico lo examina junto a su marido en la pantalla de su televisor. Georges pide disculpas por haber mentido. Y para compensar su acción se ve obligado a contar la historia que lo une a Majid desde la infancia: la masacre de argelinos (entre los que estaban los padres de Majid) perpetrada por la policía francesa, la adopción de Majid por sus padres, su profundo fastidio por haber perdido su lugar de privilegio de hijo único. Georges cuenta que sólo era cosa de niños y que él decidió decir mentiras acerca de Majid tan sólo para sacárselo de encima. Recalca que él sólo tenía seis años con lo cual, supone, queda eximido de toda responsabilidad. Todo el relato deja perpleja a Anne, que no pregunta en qué consistían específicamente esas mentiras.
En una reunión con uno de los gerentes del canal de TV en el que trabaja como conductor de un programa cultural, Georges se entera de que las copias del video se están multiplicando y pueden llegar a lugares que de ninguna manera puede prever. La sensación de amenaza sostenida desde el inicio de la película tiene en este momento uno de sus picos de tensión. Georges visita nuevamente a Majid, que vuelve a negar cualquier vinculación con los videos. Vuelve a su casa y se encuentra con que Pierrot ha desaparecido. No ha vuelto del colegio y eso hace suponer que está secuestrado. Y acá hay algo que es muy importante, aunque parece casual: Anne le da estas noticias mientras la TV encendida nos transmite imágenes de Irak y del conflicto de Oriente Medio. Aparece el presidente de Italia. Queda en evidencia la presencia de Occidente en Oriente. La policía acude de inmediato a la casa de Majid y lo apresan junto a su hijo para interrogarlo. Pero Pierrot aparece y queda en claro que las presunciones sobre un posible secuestro carecían de sustento. A su vez Majid logra que Georges lo visite una vez más en la habitación 047. Delante de él toma un cuchillo y se degüella. Georges, de vuelta en su casa, totalmente consternado le cuenta toda la verdad en la oscuridad de su habitación (es sugestivo el detalle de que Georges le pide a Anne que no encienda la luz). Ahora él no tiene más remedio que contar de qué manera se libró de Majid
(Georges le dice a Majid que su padre quiere que mate al gallo. Georges lo mata, la sangre del gallo mancha el rostro de Georges, que cuenta que aquél lo hizo para asustarlo). Georges por fin ha expuesto antes su esposa toda la culpa que lo ha atormentado desde entonces. Al ir a su trabajo, George se encuentra con el hijo de Majid que lo persigue por el edificio del canal de TV, para hablar con él. Como Georges se niega, Majid amenaza con un escándalo y ambos terminan en el baño. Georges lo acusa de haber filmado y enviado los videos. El hijo de Majid lo niega y lo acusa a su vez de haber privado a su padre de una buena educación. Georges niega tener la culpa del destino de su padre.
En la escena siguiente, Georges, exhausto, se dispone a dormir. Y entonces se nos presenta un sueño que es también un flash back. Un plano total en el que se ve a lo lejos la llegada del auto que viene a buscar al niño Majid. Este escapa, es atrapado, grita, es metido a la fuerza en el auto, grita, el auto parte, grita todavía más que no quiere irse de allí, no quiere partir. Entendemos en esta escena desgarradora lo que significa para el niño Majid vivir en esa casa, junto a una familia, después de perder a sus padres.
En la última toma, la fachada del colegio de Pierrot. Una gran cantidad de alumnos hablan, presumiblemente es el mediodía o la primera tarde. Sobre el costado inferior izquierdo de la pantalla, apenas perceptibles para quien prestan muchísima atención, Pierrot y el hijo de Majid tienen una conversación cuyo contenido desconocemos. Luego Majid se va.

Según Haneke (que expone su opinión en un extenso reportaje), es una película sobre la culpa. Lo cual es absolutamente innegable. Sin embargo, el hecho de que las víctimas en esta película cuya acción transcurre en Francia, sean argelinos o hijos de argelinos, inevitablemente le da una dimensión intensamente política. El tema es entonces la exclusión de los otros y lo que esa exclusión inevitablemente genera: cuentas que quedan pendientes, que se sabe que en algún momento habrá que pagar, con la consiguiente sensación de amenaza que se cierne no sólo sobre nuestras vidas sino sobre la de todos los que nos acompañan. Porque se tiene la sensación de que esas cuentas pendientes pueden ser pagadas por cualquiera, estén o no involucrados en la historia. En el mismo momento en que alguien excluye o humilla pareciera que inmediatamente se instala en su alma un temor que muchas veces permanece oculto: el temor de que el otro tome revancha, intente desquitarse por la injusticia sufrida. Y entonces cada gesto del excluido inevitablemente se interpreta como amenaza. Es esta amenaza la que sobrevuela durante toda la película, contada desde la perspectiva de quien tiene que convivir con su mala conciencia. Pero desde la perspectiva de los excluidos y humillados podemos interpretar el terror (que muchas veces incluye la propia inmolación, que es precisamente lo que hace Majid delante de Georges) es una respuesta brutal y desesperada a un largo proceso de oprobio y degradación. Esta historia, que está contada en términos individuales, podría sin embargo ser vista también como una gran alegoría acerca del sojuzgamiento de Argelia por el régimen colonialista francés. Sin embargo, el telón de fondo de la guerra de Irak (que aparece precisamente en el momento en que la amenaza se hace más patente y virulenta: cuando el espectador teme que la amenaza se haya concretado para cobrarse la vida de Pierrot) nos habilita para darle al film un significado más vasto: una meditación trascendental sobre los efectos de los mecanismos de exclusión que los países del norte cada día perfeccionan más para protegerse de la amenaza que significan los excluidos del mundo.

La imagen de hoy: "Una calle en Berlín", de Grosz

7 de julio de 2008

Una pareja.

En la calle, en primavera, a las seis de una tarde espléndida. Una mujer y un hombre, los dos jóvenes. Los dos caminan detrás de mí. El, de cabello castaño casi rubio, viste un jean y una remera, tiene un aspecto algo descuidado. Ella, morena de pelo muy negro y ondulado, está vestida con saco y pantalón azules y una camisa blanca. Los dos caminan por la calle Bulnes hacia Juncal. Se delata en los dos cierta inquietud, cierta prisa. Mientras se me adelantan puedo escuchar que el rubio le dice algo a la mujer. Ella responde pero no alcanzo a comprender lo que acaba de decir. Cuando están adelante, apuro el paso para mantenerme cerca y tratar de captar algo más. Ahora los puedo oír mejor: él la putea sin ahorrarse ningún insulto y ella responde, en portugués. El la vuelve a insultar y ella vuelve a replicar en portugués. El efecto es raro, como una conversación mutilada. Los dos cruzan la calle y la conversación prosigue en el mismo tono. Yo me detengo y me quedo en mi vereda, observándolos mientras se alejan. Lo que me parece extraño es cómo ella comprende perfectamente las alusiones que hace su novio y cómo, sin inmutarse, responde en portugués.