28 de diciembre de 2008

CUADERNO INFANCIA 31


La loca Mercedes. Uno de los grandes personaje del barrio. De baja estatura, rubia teñida bien clara, una cara avejentada, con mucho maquillaje, siempre vestida de negro. Camina por la calle hablando sola con su voz áspera. El hecho de que hable sola se me aparece como algo imposible, algo que no debería ocurrir nunca, algo totalmente fuera de la lógica. Me causa gracia, hasta me hace reír a carcajadas. Pero también me impresiona. De chiquito creo que hablar solo es como la prueba irrefutable de la locura. Que Mercedes hable sola justifica por sí mismo que la llamen “la loca”. Muchas veces Mercedes se planta en la vereda de casa junto a la ventana que da a la cocina. A través de la ventana habla con mamá, que no tiene ningún problema en mantener con ella una conversación. Mercedes saca un cigarrillo, fuma. O quizá es mamá la que le consigue el cigarrillo, de un paquete de mi papá, o de mis hermanos. En esas charlas con mamá, Mercedes se transforma, deja de ser la “loca” que pega algunos gritos por la calle para convertirse en una persona centrada capaz de sostener el hilo de una conversación. A mí me parece imposible que mamá hable con Mercedes. Todo el tiempo me pregunto de qué estarán hablando. Sé que mamá es buena con ella, no sólo le da conversación, también le da comida y hasta ropa. Mercedes le habla a mamá con cariño y respeto y a mis ojos eso engrandece a mamá. Por lo que yo logro entender, es como si ella hubiese logrado domar la locura de Mercedes. Muchos años después le recuerdo estas conversaciones y mamá me dice que Mercedes era judía, no tenía a quién acudir y por eso ella trataba de ayudarla. Como el viejo Zacarías, otro personaje conspicuo del barrio, también Mercedes desapareció un día, también de ella se contó que había sido arrollada por un colectivo.