27 de mayo de 2008

CUADERNO INFANCIA 6

En el colegio no me va demasiado bien, tengo dificultades en matemática. Mi mamá me manda a la casa de una maestra particular, en la calle Emilio Lamarca entre Canalejas y Gaona, o entre Canalejas y Morón. La maestra es una mujer rubia un poco gorda, de pelo ondulado, no demasiado largo. Nos sienta a todos los que vamos alrededor de una mesa iluminada con una luz amarillenta y nos va dando tarea para que practiquemos ejercicios con los que tenemos problemas. Lo que puedo recordar es que muchas veces voy con Gaby, mi hermana, después de la hora del colegio, cerca de las seis. Una tarde un chico que está sentado a la mesa al lado mío, un chico de pelo negro y cara redonda, no tiene mejor idea que hablar mal de los judíos, con unas frases antisemitas rabiosas. Yo no lo dejo terminar y sin importarme las consecuencias le meto una piña en la cara. El chico reacciona y, de una manera muy incómoda, nos seguimos pegando, sin levantarnos de la silla, sentados. La maestra particular se da cuenta de lo que pasa y pega un grito de horror. El chico me acusa, le cuenta que yo le pegué primero y la maestra me reta. Me quedo callado, no le cuento el motivo por el que le pegué. Esto significaría contar que soy judío y yo no sé lo que la maestra opina de los judíos.

No hay comentarios.: