24 de mayo de 2008

CUADERNO INFANCIA 4


En la Feria con mi tía Chiquita. La Feria está a pocas cuadras de la casa, cerca del Parque Saavedra. Recorrer esas calles tranquilas en mañanas soleadas para llegar a la Feria para mí es una fiesta. En cada puesto venden algo que me llama la atención, verduras, frutas, pescado, huevos, pollos. Por alguna razón, ver esos alimentos me llena de felicidad. Le pido a Chiquita que me compre damascos y ella enseguida me consigue una bolsa pequeña, de papel madera, repleta. Apenas me da la bolsa yo meto mi mano y saco el primer damasco, dulce, maduro. Después otro, y después otro y otro. Volvemos a la casa de Chiquita por las mismas calles. Doblamos por Pestalozzi, caminamos por la vereda del sol, radiante, esplendorosa. Yo no he parado de comer damascos. En el momento en que estamos por entrar en la casa Chiquita me dice: "A ver, dame uno". Le doy la bolsa, totalmente vacía. En realidad todavía queda uno, medio podrido. Chiquita ríe a carcajadas y me dice "te los comiste todos". Yo río con ella pero no puedo desprenderme de una sensación de vergüenza

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