13 de junio de 2009

Cine. Reseña intempestiva. Dos películas sobre el colaboracionismo. 2.Lida Baarova´s Bittersweet Memories, de Helena Tretsiková.


Todo el film está construido a partir de un largo monólogo de Lida Baarova, quien responde un extenso interrogatorio. Las imágenes de Baarova, en primer plano, se intercalan con fragmentos de películas en las que participó o de registros fílmicos de momentos históricos que tienen relevancia para el relato.
El eje de la película está dado por la primera declaración de Lida: ningún papel de los que interpretó fue más dramático que su propia vida. Y en la última frase que registra este documental la actriz checa declara que ya no tiene nada para desear, sólo que todo termine de una vez.
A medida que el film avanza, Lida recupera diversos momentos de su carrera y de su vida: Karel Köner, uno de los primeros actores con los que trabajó, de quien a través de diversos trucos debían disimular su baja estatura en las escenas de amor, ya que ella era más alta que él; su reunión con Hitler, quien se mostró muy interesado en ella; su entrada en el cine alemán; su relación con Joseph Goebbels, quien se enamoró perdidamente de ella, aunque Lida afirma que jamás se sintió atraída por el ministro de propaganda nazi. Baarova no deja de enfatizar su desperdiciada oportunidad de abandonar todo y salvar su carrera y su nombre con un contrato en Hollywood que finalmente rechazó, aunque no explica los motivos. También la buena recepción que tuvo su trabajo en el cine alemán, a pesar de su acento horrible que obligó a los directivos a contratar para ella un profesor particular de lengua alemana. Según cuenta, este profesor logró que su dicción mejorara notablemente. Sin embargo, su éxito en Alemania se le transformó en una trampa ya que los nazis le prohibieron trabajar en el cine checo y esto la obligó a actuar solamente en películas alemanas. Aunque también filmó seis películas en la Italia fascista. Baarova relata que cuando los aliados tomaron la península ella fue expulsada del país. Y hasta viajó en el avión junto a Benito Mussolini.
Terminada la guerra, su carrera artística se acabó. En su país natal sufrió el vacío de la sociedad que no le perdonó su buena convivencia con los jerarcas nazis y hasta fue enviada a prisión a pesar de que según Lida “nunca hice nada contra Checoslovaquia”. En esa misma época su madre murió de un derrame cerebral y su hermana se suicidó luego de ser humillada por otra actriz que le imputaba traición por el sólo hecho de ser familiar directo de la actriz. Lida cuenta que en prisión la guardia se hizo amiga de ella (ya que después de todo poco tiempo atrás Lida era una estrella). Esta misma guardia condujo a Lida ante el verdugo, quien le regaló un trozo de cuerda que utilizaba para ahorcar a los condenados. El verdugo, según Lida, le hizo el obsequio “para que le dé suerte”.
Cuando salió de prisión, su padre fue a buscarla, abrumado, demudado, apoyado en su bastón. Y en la cena de Navidad, usó la bata de su hermana. A los treinta y un años viajó a Italia, volvió a hacer película, aunque ya era considerada “vieja”. En esta época de relativa tranquilidad se casó y volvió a ser feliz, pero su marido murió y Lida nuevamente tuvo que tolerar la soledad y el desasosiego.
Sobre el final Lida confiesa que no termina de arrepentirse de su relación con Goebbels. Y luego declara que no ve la hora de morir y que cada mañana, al despertar, se dice a sí misma “todavía voy a tener que luchar con este día”. Los únicos momentos de tregua los encuentra, según dice, cuando ve brillar el sol.

Héctor Levy-Daniel

1 comentario:

Viviana dijo...

Triste su vida. Una mujer de una belleza increible. De verdad que esa frase que escuchas cuando niño acerca de "la suerte de la fea, la bella la desea" es la pura verdad. A veces, ser bella es terrible. Porque atraes a todo tipo de gente y especialmente a quienes detentan el poder y quieren exhibirlo contigo como si fueras un trofeo.
A ella la "mataron" en su juventud, ese asqueroso "nazi" que se prendió de ella: Joseph Goebbels.