18 de julio de 2008

Roberto Arlt. Apuntes para pensar una poética. 2


Arlt considera indispensable impugnar la reivindicación de la medianía efectuada por los novelistas del arte subjetivo. Esta reivindicación es un suceso cuya responsabilidad incumbe al realismo: la medianía constituyó y es la piedra angular del realismo, pero su frecuencia en la novela contemporánea se presenta como una peste que vuelve insoportable su lectura. La medianía equivale a la sustitución del héroe de la novela clásica por hombres y mujeres secos, aburridos, miopes y tiene su origen en la mediocridad de los novelistas contemporáneos, quienes incapaces de sentirse durante sólo cinco minutos al día héroes, tiranos, asesinos, santos o monstruos, ignoran consecuentemente el interior de los héroes, de los tiranos, de los asesinos, de los santos.
Arlt contrapone a la novela que él denomina contemporánea su propia concepción del personaje y la acción en la novela. Observa que lo que diferencia a un personaje novelesco de otro personaje novelesco es la carga de acción puesta en juego: la carga de acción potencial de un personaje de Stendhal es completamente diferente a la carga de acción potencial de un personaje de Proust. Para esclarecer su propias ideas acerca de la relación entre personaje y acción, Arlt recurre a la metáfora del comportamiento de los elementos químicos helio y carbono. Mientras que éste es un elemento activo que interviene en todas las síntesis de la química orgánica, el helio es un gas inerte, lo cual significa que carece de capacidad para reaccionar en presencia de otros elementos. Si se traduce esta metáfora al lenguaje de los teóricos se observa que el señor Helio es un personaje del tipo Huxley, dado que participa escasamente en el engranaje de las combinaciones vitales. En cambio el señor Carbono podría definirse como uno de los más activos y novelescos personajes de Kipling o Manzoni. Arlt afirma que la acción es la capa que limita todo lo humano. Cuando el intento de acción de un país, de un hombre tropieza con una resistencia, se produce lo que técnicamente denominamos conflicto. Cuando un conflicto entraña un gran peligro para la existencia del país o del individuo entramos en la zona de lo dramático. Y dado que el pensamiento mismo tiende a convertirse en acción, podemos afirmar que la acción es la última frontera del pensamiento. Una vez enunciado un pensamiento, si el personaje tiene la voluntad de llevarlo a cabo, invariablemente proyectará una cantidad de acciones sucesivas que determinarán la constante psicológica del personaje y generarán una magnitud de emoción en el espectador: lo importante de la acción dramática es la tensión nerviosa que origina. El espectador busca la presión de la aventura que se desarrolla en la novela o en el escenario. Si verdaderamente encuentra esa emoción, el espectador deja de ser tal para convertirse en juez y parte: este proceso inconsciente le transmitirá una emoción que será tanto más intensa cuanto más el espectador sienta que su propia existencia moral, política, económica están en peligro. Arlt se está refiriendo al proceso de identificación: tanto en la novela como en el drama, si el conflicto está correctamente delineado se desarrolla al mismo tiempo en la novela o escenario y en el espectador.
En lo que respecta a los personajes propiamente dicho, Arlt que estos deben tener una vida interior vigorosa, a tal punto que el autor instintivo, en lugar de autor debe ser llamado secretario de personajes invisibles, puesto que hace lo que estos le mandan. En su aguafuerte sobre Los siete locos -donde habla de la vida interior de sus personajes- sostiene que para él las acciones de un delincuente no tienen ningún interés si no van acompañadas de una vida interior dislocada, intensa, angustiosa. Por esta razón,

“sacando cien páginas de acción, el resto del libro no hace más que detallar lo que piensan estos anormales, lo que sienten, lo que sufren, lo que sueñan”

Arlt cuenta que ha tratado de que la realidad de estas vivencias sea visible a través de la acción de los personajes del libro, “quienes se mueven como fantasmas en un mundo de tinieblas y problemas morales y crueles”.
Arlt postula el principio de que un personaje novelesco es la expresión de su constante profesional, es decir, es definible por su profesión u ocupación. Y cuestiona la novela contemporánea porque trabaja con personajes de cuya profesión se sabe poco y nada. En muchos casos es una enigma para el lector establecer a través de qué medios el personaje de la novela se gana la vida. Los autores contemporáneos componen sus novelas con personajes híbridos, que sustituyen cualquier acción con emisiones discontinuas de procesos subjetivos. La mayoría de los novelistas y dramaturgos contemporáneos –por medio del auxilio de los procesos subjetivos- tratan de eludir la responsabilidad que implica analizar un personaje a través de sus actuaciones, las cuales están íntimamente ligadas con su ocupación. Para Arlt, el carácter de un hombre o un personaje novelesco es definible por su profesión. Incluso las bestias pueden incluirse dentro de esta afirmación, ya que por ejemplo la profesión del tigre es matar. La profesión es anterior a la acción y ésta es consecuencia de aquélla. En una novela de bestias, un zorro jamás podría desarrollar el mismo tipo de acción dramática que un tigre. Para Arlt, en el héroe la constante profesional domina absolutamente:

“Las pasiones colindantes subsisten como auxiliares y válvulas de escape de la energía, que no consume la actividad esencialmente profesional.”

Trabajar con personajes que poseen una constante profesional determinada constituye, según Arlt, un gran desafío ya que exige una extraordinaria capacidad de análisis y una subordinación de la inspiración del novelista a las actividades del personaje.


Arlt examina la situación de la literatura en la Argentina del tiempo que le toca vivir y se pregunta por qué no se vende el libro nacional. Observa que en el país no hay crítica ni espíritu nacional de literatura, ni hay un fin artístico o social determinado. La gente no tiene nada para decir y si tiene algo para decir –salvo una docena de prosistas- no lo sabe escribir. Además, los libros de autores nacionales tienen en promedio veinte mil palabras y valen dos pesos. Los de autores extranjeros tienen de cuarenta a sesenta mil palabras, cuestan ochenta centavos y están bien escritos. Arlt encuentra en todo este cuadro la causa de que el libro nacional no se venda.
Sin embargo, cree que la situación puede revertirse. Para lograr semejante cambio, es preciso que la tarea de los escritores consista, no en hablar continuamente de literatura, sino trabajar brutalmente para lograr libros que contengan “la violencia de un cross a la mandíbula”. Arlt otorga gran valor al esfuerzo realizado por el escritor (y es con ese criterio que reivindica las figuras de Ponson du Terrail y Edgar Wallace, a quienes considera hombreadores de la literatura, cargadores de la novela con una capacidad de trabajo brutal) y cree que el novelista para lograr su cometido tiene que ser capaz de trabajar en cualquier parte, sin preocuparse del estilo. El estilo necesita de comodidades, renta y vida holgada. Arlt afirma que aunque a él le gustaría escribir al modo de Flaubert (lo cual es imposible e inútil, en tiempos en que el edificio social entero se desmorona), debe resignarse a escribir sin estilo, haciéndose cargo de las críticas de quienes lo acusan de escribir mal. Pero aunque se asume asimismo como incapaz de escribir con el estilo propio de muchos escritores que escriben bien y son leídos únicamente por los miembros de su familia, propone una nueva concepción de estilo, el estilo como agravio. Arlt afirma que cuando un hombre habla el idioma de su pasión, de su desorden, de su odio, de su maldad, hace involuntariamente estilo. Y cuando un hombre hace estilo, también involuntariamente agravia la falta de estilo de otros hombres. La mayoría de los hombres llevan en su interior impresionantes estructuras de juicios elaborados con lugares comunes y sin embargo se conciben a sí mismos como intelectualmente brillantes. Cuando otro hombre, con un idioma no estructurado con lugares comunes, les expresa realidades psicológicas o espirituales diferentes a las que ellos veneran habitualmente, lo toman como un lanzador de injurias. Y odian terriblemente a este hombre que, como no se expresa con frases hechas, ofende sus convicciones. Este hombre que prescinde absolutamente de los lugares comunes para expresarse es el que posee la fortaleza del estilo. Y es con la fortaleza de este estilo que Arlt proyecta revitalizar la literatura argentina.

Héctor Levy-Daniel



BIBLIOGRAFÍA
ARLT, R. 1991, Prólogo a Los lanzallamas en Obras Completas , Tomo I, Buenos Aires, Planeta.
1991, La lectora que defiende el libro nacional, Por qué no se vende el libro argentino, Los siete locos, Cómo se escribe una novela, en Aguafuertes porteñas, Obras Completas, Tomo II , Buenos Aires, Losada.
1994, Un protagonista de Edgar Wallace, El gran olvido que cubre a D´Annunzio, La tintorería de las palabras, Clausura del diario íntimo, ¿Qué escribirán entonces?, Vidas paralelas de Ponson du Terrail y Edgar Wallace, Aventura sin novela y novela sin aventura, Confusiones acerca de la novela, Galería de retratos, Necesidad de un Diccionario de lugares comunes”, Irresponsabilidad del novelista subjetivo, Acción, límite de lo humano y lo divino, Literatura sin héroes en Aguafuertes porteñas: Cultura y política. Buenos Aires, Losada.

1 comentario:

Gloria Abella dijo...

Excelente !!
Gracias por compartirlo.